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domingo, 5 de julio de 2015

Anna Bolena. Duelo de titanes

"Va, infelice, e teco reca il perdono di Bolena"

"Ana Bolena" (título original en italiano, Anna Bolena) es una tragedia lírica en dos actos con música de Gaetano Donizetti y libreto en italiano de Felice Romani, basado en "Enrico VIII ossia Anna Bolena" de Ippolito Pindemonte y "Anna Bolena" de Alessandro Pepoli, ambas sobre la vida de Ana Bolena, la segunda esposa del rey Enrique VIII de Inglaterra. Fue estrenada en el Teatro Carcano de Milán, el 26 de diciembre de 1830.

El dúo "Sul suo capo aggravi un Dio" entre Ana (soprano) y Juana Seymour (mezzosoprano) está considerado uno de los mejores de todo el repertorio operístico. Esta ópera forma parte de una serie de óperas de Donizetti que tratan del período Tudor en la historia inglesa, y que incluye "Roberto Devereux" (titulada por el supuesto amante de la reina Isabel I de Inglaterra), "María Estuardo" y "El castillo de Kenilworth". Los principales papeles femeninos de las óperas Ana Bolena, María Estuardo, y Roberto Devereux son a menudo conocidos como las "Tres Reinas de Donizetti.""








sábado, 28 de febrero de 2015

Il dolce suono... Spargi d'amaro pianto...



"...Oh, gioia che si sente, e non si dice!"


"La célebre “Aria de la locura” de Lucia di Lammermoor es una de las unidades dramático-musicales más elaboradas, complejas y preciosas de toda la historia operística. [...]

La escena se presenta como un gran tableau en forma de scena, coro, ensemble ed aria, que aparentemente respeta el esquema formal de la escena. [...] Se inicia con un breve coro que comenta la apariencia sepulcral (“Oh Giusto cielo! Par dalla tomba uscita!”) de Lucia, cuando ésta entra en escena tras haber asesinado a su marido. El motivo del cuarteto de trompas del preludio de la ópera y un motivo en las flautas introducen el recitativo “Il dolce suono mi colpì di sua voce!...”. [...] El primer Andante de la escena (“Il dolce suono...”) aparece como un cantábile de orquesta en el que la voz participa ocasionalmente o del cual se distancia enunciando frases a modo de recitativo. Nueve compases en tempo de Allegretto citan por primera vez el motivo evocativo del primer acto (“Verranno a te sull’aure”), sin texto y sin voz, entonado lejanamente por la flauta y el clarinete en el registro agudo.

El ilusionismo generado por el motivo evocativo da lugar al Allegro vivace (“Ohimè!... Sorge il tremendo fantasma e ne separa!”) que introduce la visión del fantasma, un arrebato con el máximo grado de patetismo que podríamos adscribir tanto a una aria di bravura como a un recitativo accompagnato. Tras un nuevo recitativo comienza el segundo Andante (“Ah, l’inno suona di nozze!...”), donde la alucinación de la supuesta boda combina un canto que alterna el estilo recitativo con agilidades virtuosistas sobre un expresivo motivo de la orquesta. Esta sección penetra en el primer compás del Maestoso con el que comienza la cavatina propiamente dicha (“Ardon gli incensi... splendono le sacre faci”), en la que se interpolan continuos comentarios de Normanno, Raimondo y el coro. Es usual concluir esta cavatina con un diálogo sin palabras entre la flauta solista y la voz de Lucia, ambas como voces-instrumentos, y una segunda cita del motivo evocativo mencionado, interpretado por Lucia sin texto. La escena continúa con el tempo di mezzo, al que se suma Enrico, y la cabaletta final (“Spargi d’amaro pianto...”)."

Gabriel Menéndez Torrellas, "Historia de la Ópera"





jueves, 5 de febrero de 2015

Deh! Tu di un'umile preghiera il suono


"... fra l'ali accoglimi del tuo perdono, altro ricovero il cor non ha..."

"...Después de ser implicada en varias conspiraciones para derrocar a Isabel, en las que nunca se pudo demostrar completamente su participación, María Estuardo cometió el último de sus errores en 1585: dio su consentimiento tácito a la conspiración de Babington, un plan apoyado por el Papa Sixto V y por Felipe II de España para, de nuevo, asesinar a Isabel I y reemplazarla por María Estuardo. Walsingham, que sabía que con la muerte de María Estuardo se reduciría significativamente la amenaza católica en Inglaterra, estrechó aún más el cerco de vigilancia alrededor de María, y finalmente obtuvo su prueba: la correspondencia entre María y sir Anthony Babington, que se producía a través de barriles de vino, fue interceptada y descifrada, demostrando que María conocía la conspiración; insatisfecho con el resultado, Walsingham encargó a uno de sus espías, Thomas Phelippes, que falsificase una posdata en la última de las cartas de María, donde ésta ofrecía su participación activa en el asesinato de Isabel. 

La acusación dio inicio a un juicio en el que a María Estuardo le fueron negados sus derechos básicos como acusada: no le fue permitido revisar las pruebas de su acusación, ni tampoco tener un abogado. Ninguna de las protestas de María surtió efecto, y la ex reina escocesa fue finalmente declarada culpable de traición y condenada a ser decapitada; sin embargo, el periplo final de María no terminaría aquí. Durante varias semanas, Isabel tuvo la orden de ejecución en su poder sin decidirse a firmarla, pues temía una posible venganza por parte del hijo de María, el ahora rey Jacobo VI. Cuando finalmente firmó la orden, no permitió que se llevase a cabo hasta que ella diese su permiso explícito; harto de las dudas de la soberana, el Consejo Privado decidió llevar a cabo la ejecución sin su conocimiento antes de que Isabel cambiase de nuevo de opinión. 

 El 8 de febrero de 1587, a primera hora de la mañana, María Estuardo se encaminó a su última cita con el destino en esta vida: rodeada de sus sirvientas, que le fueron fieles hasta el final, se dirigió al gran salón del castillo de Fotheringhay (Northamptonshire), donde se había erigido un patíbulo privado para que la ex reina muriese lejos de los ojos curiosos del populacho. Cuando se despojó de las ropas exteriores, pudo verse que llevaba una camisa interior carmesí, el color litúrgico del martirio para la Iglesia Católica; de este modo, María expresaba su certeza de que moría no por sus crímenes (de los que siempre se declaró inocente), sino por su condición de católica..."