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martes, 14 de junio de 2016

Non piangere Liù... Ah! Per l'ultima volta!


"..per quel sorriso, dolce mia fanciulla, m'ascolta..."


"Invisible y cautelosa, se esconde tras tu cuello esperando que bajes la guardia. Cuando te aferras a los dedos de Chopin y juntos viajáis a ninguna parte con su Concierto nº1 para piano en Mi menor, aguarda el momento de soplar suavemente tu nuca y sin piedad atestarte esa descarga eléctrica que recorre cada una de tus vértebras. Sube, baja, y vuelve a trepar por la espalda hasta los hombros, sacudiendo tus brazos sin sigilo y despertando en el camino tu vello desordenado. Ha durado un par de segundos. Quizá tres. Pero la música se ha servido de tu cuerpo para palpar el mundo terrenal por un instante, y te ha devuelto el favor regalándote ese orgasmo en la piel que los franceses llaman ‘frisson’, o lo que es lo mismo, ‘escalofrío estético’.

Aunque la música es la principal causa de este mágico espasmo, hay quien también lo experimenta abrigado en los brazos de alguien, en silencio ante de una obra de arte o rodeado de gente ante una escena en el cine. Esta tímida convulsión es un verdadero privilegio; sólo dos tercios de la población siente a menudo el estremecimiento de su piel al vivir un momento de gran emoción.

[...]

La armonía inesperada en un pasaje musical, la entrada repentina de un solista a una melodía hasta entonces constante o el súbito cambio de volumen son aliados de este escalofrío, en tanto en cuanto se presentan en el cerebro del oyente como un estímulo inesperado y positivo, convirtiéndolo en una marioneta de la música, incapaz de controlar esa emoción que nuestro cuerpo, sin permiso, ya ha traducido estéticamente."








domingo, 15 de mayo de 2016

Con onor muore. La belleza de la tragedia


"... Non saperlo mai per te, per tuoi puri occhi, muor Butterfly..."

"En el verano del año 1900 se estrena Tosca en Londres. Puccini se hallaba en la capital inglesa para supervisar aquellas funciones de presentación de su más reciente obra. En aquellos mismos días se representa en la ciudad del Támesis un drama de David Belasco, basado en la narración de John Luther Long Madama Butterfly – que, a su vez, se inspiraba en la novela Madame Chrysanthème de Pierre Loti (1887) –. El compositor luqués asistió a una de las funciones de la pieza de Belasco quedando absolutamente hechizado con su argumento. Como el propio Puccini confesaría más tarde:

"Me quedé maravillado porque, cosa curiosa, pude seguir cómodamente la obra sin conocer una sola palabra de inglés. Al final de la representación, el público estaba estremecido y Belasco, aclamado, tuvo que salir a saludar varias veces. Fui enseguida entre bastidores, le di un abrazo con los ojos anegados en lágrimas y le pedí que me permitiera servirme de Madama Butterfly como argumento para una ópera."

Belasco aceptó la oferta sin oponer resistencia, porque – según sus propias palabras – “es imposible hablar de negocios con un italiano apasionado que tiene los ojos llenos de lágrimas y que te pone sus brazos alrededor del cuello”. La terrible historia de la geisha abandonada por el cínico marino americano se adaptaba de manera perfecta al ideario del compositor italiano. Su protagonista, de nuevo una niña pura, ingenua e inocente que decide arrancarse la vida al ver cómo sus sueños se derrumban a su alrededor, estaba predestinada a convertirse en una de las más irresistibles, conmovedoras y definitivas heroínas puccinianas. 

 [...] 

Butterfly es una ópera de soprano. Todas las piezas se mueven a su alrededor en el tablero y es la soprano el origen de la acción y su sentido. Además, Cio-Cio San es una tentación y un reto – en lo musical y en lo teatral – para las divas de toda condición, es un personaje que crece, compás a compás, verso a verso, física y espiritualmente y que además está maravillosamente escrito desde el punto de vista vocal. Por todo ello, Madama Butterfly es una de las mayores obras maestras de la ópera en toda su historia."

Jesús Trujillo Sevilla, "Breve historia de la ópera"







viernes, 15 de abril de 2016

La mariposa enamorada


"Vogliatemi bene, un bene piccolino, un bene da bambino, quale a me si conviene..."

"Madama Butterfly es la más conmovedora e íntimamente sentida de las óperas de Puccini, así como la que posee el mayor derroche de melodías inolvidables, mezcladas con diversas tonadas autenticamente japonesas, que le confieren un exotismo menos decorativo que el cultivado a finales del siglo XIX en Francia, y más acorde con la atmósfera en que se desarrolla la acción. En este aspecto, Puccini está más cerca de Bizet, sin dejar por ello de ser italiano, como éste es francés. También posee la obra el tejido orquestal construido a base de leit-motive más unitario de todas las óperas del autor de La Bohème, tejido admirable por su equilibrio y tensión expresivas. Su orquestación exquisita, con la que logra crear auténticos sonidos orientales, y la magnífica caracterización de la protagonista (una de las más conseguidas de todo el género), que pasa de la inocencia más ingenua a asumir su estatura de mujer adulta en su última intervención, completan una ópera cuyo único defecto quizá sea precisamente también su gran virtud: la de presentar un único tema sin ningún otro secundario. Madama Butterfly, además, cuenta con el que posiblemente sea el más romántico dúo de amor de toda la escuela italiana. Sin embargo, esta obra tiene un problema que casi siempre es insalvable: su protagonista debe tener timbre y expresión adolescente, y poseer al mismo tiempo suficiente volumen para dominar a la numerosa y potente orquesta. Resulta muy difícil destacar algún número - con la excepción del ya mencionado dúo -, ya que toda ella es deslumbrante e irrepetible, pero obligados a ello escogeríamos otros dos: el Coro O Kami, con que los invitados brindan por la felicidad de los recién casados, y el tierno, radiante y poético dúo de las flores de Butterfly y Suzuki en el acto II."

José María Martín Triana, "El libro de la ópera"









viernes, 19 de febrero de 2016

Intermezzo


"... ¡El hecho es que la amo! Mi pasión es tan fuerte que me siento la criatura más desventurada de este mundo. ¡Qué no habré intentado en París por lograr su libertad!... ¡He implorado a los poderosos!... ¡He llamado y suplicado a todas las puertas!... ¡Incluso he recurrido a la violencia!... Todo ha sido inútil. Sólo me quedaba un camino: ¡seguirla! ¡Y yo la sigo! ¡Vaya donde vaya!... ¡Aunque sea al fin del mundo!..." 

 (De la "Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut" , del abate Prévost.)


sábado, 24 de octubre de 2015

Reencuentro de Manon y Des Grieux (versión de Puccini)


"Labbra dolci a baciare! Dolcissimo soffrir!"

"En la adaptación de la novela para la ópera, otro problema que se presentó fue la presentación que hizo Prévost de su material. Manon Lescaut es un relato dentro de otro: un “Hombre de Distinción” (el autor) conoce en uno de sus viajes a un pobre joven a quien brinda su amistad y que, por gratitud, se siente impulsado a relatarle la tragedia de su vida. La novela es, por ende, una formulación del punto de vista masculino, y vemos a Manon principalmente a través de los ojos de su enamorado; resulta significativo que Prévost no la mencione para nada en el Prefacio, donde expone la finalidad de su relato, dándole el título de La historia del Caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, aunque se la llamó simplemente Manon Lescaut a pocos años de su publicación. Manon es un personaje mucho menos complejo que su amante, pero una fascinante ilustración de la fragilidad femenina. Al igual que Carmen, su prima española de fibra más sólida, se sitúa más allá del bien y del mal. No es inmoral, sino amoral, y debe actuar como lo hace porque es una criatura de mero instinto. De ahí que Des Grieux pueda decir de ella con veracidad: “Peca sin malicia, es ligera e imprudente, pero recta y sincera”. El patetismo del personaje del Caballero proviene de que mientras reconoce a la joven por lo que es, permanece esclavizado a ella hasta el último momento de su lastimoso fin. Prévost hizo de él la figura central de la novela; en una dramatización, sin embargo, Manon debe, por obvias razones, ser elevada al mismo nivel de importancia que su amante. En la ópera de Massenet, ella domina el drama; en la de Puccini estamos más cerca de la concepción de Prévost.

[...] Si Puccini se hubiese atenido al guión que le presentó Praga, habría incurrido sin duda en la culpa de copiar a Massenet, pero entonces lo más probable es que su libreto no habría resultado esa cosa híbrida que resultó en su versión final.

[...] Después de una perfecta exposición del drama en el Acto I, la acción da un salto increíble en el Acto II, donde la pequeña ingenua a quien conocimos en Amiens se nos aparece en París como la amante de relumbrón del adinerado Tesorero General, Geronte, y ya cansada de su relación con este viejo disoluto. De cómo y por qué llegó a ser una cortesana, nos enteramos solo en forma indirecta, más tarde. Igualmente importante es la circunstancia de que no se nos muestra a Manon ni a Des Grieux en su breve idilio después de huir de Amiens, ni cómo posteriormente ella abandonó al Caballero, lo cual constituye una escena tan conmovedora en Massenet. Y el que sea Lescaut el intermediario para reunir de nuevo a los enamorados, actuando así contra su propio interés, no puede sino parecernos irreconciliable con su verdadera personalidad. Resumiendo: Puccini nos presenta en el Acto II incoherencias psicológicas y actos ya establecidos que dejan perplejo al espectador menos crítico. Sin embargo, desde el punto de vista de la estructura dramática, este acto está sumamente bien construido, poniendo de relieve el contraste entre una Manon aburrida con los esplendores de su vida presente y una Manon arrebatada de pasión por la súbita llegada de Des Grieux; desde este momento la temperatura emocional se eleva en una empinada curva, llegando a un punto febril con el arresto de Manon.”








domingo, 9 de agosto de 2015

Sola, perduta, abbandonata


"Tutto dunque è finito."

"La melodía suave, sensual y que conmueve el corazón, que luego se considerará «típicamente pucciniana», aparece ya en esta obra [Manon Lescaut] con toda su fuerza. Son notables los progresos de la instrumentación sobre la de los contemporáneos: Puccini encuentra colores propios para los sentimientos tiernos, que a menudo parecen estar próximos al impresionismo (que ya despuntaba en el horizonte histórico). Pero dicha melodía también puede ser muy dramática y subrayar la pasión por medio de violentas erupciones de la orquesta en los momentos en que es necesario. El «camino propio» que el talento ha de recorrer para madurar se anuncia ya en esta ópera, incluso hay escenas que permiten prever al futuro maestro..."


Manon Lescaut de Giacomo Puccini


Sola, perdida, abandonada... en un país desolado.
 ¡Horror! A mi alrededor se oscurece el cielo...
 ¡Ay de mí... estoy sola!
 ¡Desfallezco en el profundo desierto,
 cruel angustia, ah, sola y abandonada,
 yo, la desierta mujer!
 ¡Ah! ¡No quiero morir! ¡No! ¡No quiero morir!
 Así pues todo ha acabado.
 Tierra de paz me parecía ésta...
 ¡Ay, mi funesta belleza enciende nuevas iras ...!
Querían separarme de él;
 ahora resurge todo mi horrible pasado
 y desfila ante mi vista con gran claridad.
 ¡Ah! Se ha manchado de sangre.
 ¡Ah! Todo se acabó.
 Invoco ahora a la muerte como a un asilo de paz
 ¡No! ¡No quiero morir... amor, ayúdame!

Kareol


Kristine Opolais:



(No sé en qué momento de estar sola, perdida, abandonada, y muriendo en el profundo desierto, te da tiempo a pintarte las uñas de los pies... Pero bueno, pasaremos ese detalle por alto.)


Maria Callas:





lunes, 4 de mayo de 2015

Com'è lunga l'attesa!... Presto, su! Mario!


"O Scarpia, avanti a Dio!"

"Tosca, sin duda alguna la más verista de todas las óperas de Puccini, posee en su orquestación no solo una mayor fuerza y dramatismo que sus anteriores obras, sino, además, unos tintes oscuros que son realmente singulares dentro del corpus del maestro de Lucca, así como unos leit-motive más fácilmente distinguibles que crean un continuum cada vez más evolucionado, en el que resaltan la economía de medios y la magnífica caracterización de los personajes, incluidos los secundarios (como son, por ejemplo, Angelotti y el Sacristán). Al mismo tiempo que Puccini crea una tensión mantenida y creciente, apoyado en el ajustado libreto, no por ello renuncia ni a su dulzura ni a sus elegantes melodías conmovedoras, las cuales aparecen en los momentos exactos para matizar la tensión del dramatismo. Si original es el aria Recondita armonia¸ en la que la voz del tenor se mezcla con el recitativo del Sacristán, no lo es menos el uso del arioso en el Te Deum, ni la descripción del amanecer romano con que se inicia el acto III. Además de contar con números tan gustados y antológicos como son E lucevan le stelle y Vissi d’arte, Tosca posee una serie de escenas realmente inolvidables: Tosca divina; Sale, ascende; Ed ora fra noi y, sobre todo, la final, en la que a la belleza y al patetismo efectista de su música, se añade el buen hacer de la protagonista. Los intérpretes de Tosca y de Scarpia, además de magníficos cantantes, deben ser mejores actores que sepan plasmar todos los matices que encierran sus papeles."


jueves, 12 de febrero de 2015

In quelle trine morbide


"Ed io che m'ero avvezza a una carezza voluttuosa..."


"Fue, desde su aparición a mediados del siglo XVIII, protagonista de una de las novelas más populares de la historia de la literatura francesa. No cabe duda de que Manon, frívola, frágil, ingenua, tierna, sensual, caprichosa, presumida, y ya curtida, ¡qué remedio!, en los instantes finales, antes de morir en el desierto de Luisiana, es una de las criaturas más fascinantes de la historia de la ópera, atrajo no sólo a Puccini (1893), también había atraído con anterioridad a Auber (1856), Massenet (1884), y atraerá posteriormente a Hans Werner Henze (1952), pero el tema de esta alocada jovencita francesa, que se debate entre el desenfreno amoroso y la ambición por el mundo material, dio lugar a numerosas películas (una de ellas, Manon, de Henri-Georges Clouzot, estrenada en 1949, fue la que inspiró a Henze) y series de televisión.

Con un personaje tan caleidoscópico, tan seductor, no era difícil, dado el talento de Puccini, convertir una de sus intervenciones, "In quelle trine morbide", en una auténtica obra maestra, que algunos, como Kurt Pahlen, no dudaron en calificar como "quizás la mejor aria para soprano de la historia de la ópera", no me atrevo a decir tanto, emplear términos como el mejor o la mejor siempre me ha producido rechazo. Lo sorprendente es que esta maravilla que introduce Puccini en el segundo acto de su ópera Manon Lescaut asombra por su belleza y también (¿por qué no?) por su escasa duración, no llega a los tres minutos.

Estamos en el París del siglo XVIII, la joven y hermosa Manon Lescaut, después de rechazar ingresar en un convento y fugarse con el joven estudiante De Grieux para vivir en una humilde casita en París, ha terminado abandonándolo sin una triste despedida, sin un beso, como dice ella. Ahora vive con el viejo Geronte de Ravoir, un rico terrateniente, en una lujosa mansión. Cuando comienza el segundo acto nos la encontramos en un salón de la casa de Geronte, está acompañada de su hermano, el sargento Lescaut, que ha ido a visitarla. La joven, en medio de tanta opulencia, encuentra en su hermano a un confidente y le abre su corazón: además de sentir remordimientos por haber abandonado a De Grieux, siente nostalgia, y es entonces cuando entona esta famosa aria, "In quelle trine morbide", que podemos dividir en tres partes bien diferenciadas musicalmente:

1ª) Lamento: In quelle trine morbide... nell'alcova dorata v'é un silenzio gelido, mortal, v'é un silenzio, un freddo che m'agghiaccia! (¡Tras estas delicadas cortinas... de la dorada alcoba hay un silencio helado, mortal, un silencio, un frío que me hiela!)

2º) Recuerdos voluptuosos: Ed io che m'ero avvezza a una carezza voluttuosa, di labbra ardenti e d'infuocate braccia... or ho tutt'altra cosa! (¡Y yo que me había acostumbrado a una caricia voluptuosa de ardientes labios y apasionados brazos... tengo ahora todo lo contrario!)

3º) Nostalgia, añoranza o deseo: O mia dimora umile, tu mi ritorni innanzi gaia, isolata, bianca come un sogno gentile di pace e d'amor! (¡Oh, mi humilde morada, vuelves a aparecer ante mí, alegre, apartada, blanca, como un grato sueño de paz y amor!)"



Mirella Freni:




domingo, 1 de febrero de 2015

Vissi d'arte


"... nell'ora del dolore, perché, perché Signore, perché me ne rimuneri così?"


“Maria Callas me arrastró a la ópera. Estoy seguro de no ser el único en esto. En mis años de universitario me sumergí en el repertorio sinfónico del siglo XIX – Beethoven, Schubert, Brahms, Bruckner, los rusos – pero durante mucho tiempo me negaba a escuchar ópera, podía escuchar alguna obertura y luego corría a cambiar el disco antes de que empezasen a cantar. Pero un día, mi compañero de piso puso la Tosca de Callas de 1953 en el tocadiscos, y dejó caer la aguja en “Vissi d’arte”. Yo no tenía ni idea de lo que estaba cantando, pero casi al final de esta aria de súplica, cuando ella va llegando al desenlace de ese arco musical, sin palabras, desde el La bajando suavemente hasta el Sol, se escucha una respiración. Ella suspira, ¿o tal vez solloza?

A lo mejor ella juzgó erróneamente su respiración, pero yo no puedo valorarlo en esos términos, ni ahora ni entonces. Para mí sonó – todavía suena – como pura emoción. No necesitaba saber, en ese momento, que Tosca le estaba preguntando a Dios por qué, a pesar de su devoción por el arte, por la Virgen, estaba siendo forzada a entregarse al jefe de la policía romana para poder salvar así a su enamorado de ser ejecutado. Ese suspiro – ni siquiera una nota; quizá el momento menos musical de toda la ópera – abrió un mundo ante mí: un mundo en el que me sentía empujado hasta el extremo, el mundo de la ópera, que en gran medida empezó a definirse para mí gracias a Callas.”





miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Bohème


"... in te ravviso il sogno ch'io vorrei sempre sognar!"

"... Así, cuando Mimì desaparece, no lo hace sola. Se lleva consigo todo un mundo de libertad, de fantasías y de ilusiones: es la sencillez de la poesía y la fragilidad de nuestra juventud; es la pasión sin cauces que da calor bajo la nieve en invierno. Son esos años setenta. Los nuestros. Todos esos sentimientos, vestidos además de maderas podridas y escaleras desgastadas y resbaladizas, tienen tanta vida, son tan extremos, que Puccini los coloca prácticamente en el terreno de la novela larmoyante, pero sin llegar a distanciarlos tanto de nosotros como para que no seamos capaces de evitar un nudo en la garganta al ver apagarse a Mimì. Y con ella, tantas cosas que hemos dejado atrás.

Esta ópera emociona hoy y emocionará mañana, en la medida en que, en el mundo maquinal e infinitamente más frío que vivimos hoy, no podemos dejar de identificarnos con el amor torturado y apasionado de Rodolfo y Mimì o con el daño perpetuo que se infligen Marcello y Musetta, conscientes a la vez de que "dei pazzi è l'amor tetro che lacrime distilla" ("A los locos pertenece el lánguido amor que destila lágrimas") y buscándose los labios para comerse a besos. Todos hemos vivido, yo he vivido, las lejanas noches de juerga en las que Musetta escenificaba para el celoso Marcello la estupenda comedia del café Momus; todos, supongo, sabemos de la maravillosa confesión de amor que le hace Mimì a Rodolfo a las puertas de la muerte: "Ho tante cose che ti voglio dire, o una sola, ma grande come il mare, come il mare, profonda ed infinita... Sei il mio amore e tutta la mia vita!""

Alejandro Carantoña, "Cuestión de oficio. Unas memorias artísticas de Emilio Sagi"



"La Bohème" es, para mí, una de las óperas más perfectas del mundo (de las que he escuchado hasta ahora). Perfecta por su universalidad: habla del amor, de la amistad, de la vida, de la muerte, de las artes... de artistas que se mueren de hambre y frío (desgraciadamente universal) y que, en cuanto tienen unas monedas, deciden gastarlas en una abundante cena. "Carpe diem".

Y perfecta también musicalmente. Vale, muchas óperas son perfectas musicalmente, pero me encanta esa "circularidad" que tiene "La Bohème", cómo Puccini va sembrando de melodías todo el primer acto y cómo las va recogiendo después, especialmente en el último acto. (Sí, no es el primer ni el último compositor que haría esto, pero fue con esta ópera con la que me di cuenta de ello).

Véase:
- Toda la escena del primer acto en la que se conocen Mimì y Rodolfo, desde el "Chi è la" hasta el final de "O soave fanciulla". (Desde el 17:09 hasta el 35:47)
- Y la parte final de la ópera, que empieza con el "Sono andati" y con ese beso maravilloso. (Desde el 1:34:59 hasta el final).

Pero, al margen de esa "circularidad", en esta ópera toda la música es maravillosa, no sobra una nota. Por ejemplo:

- El famoso Quando m'en vo
-Y, cómo no, el aria que da nombre a este blog: Donde lieta usci

Y, además, esta producción que se hizo, versión película, me parece maravillosa. Os recomiendo que encontréis un rato y la veáis. O que la compréis en DVD y la tengáis en la estantería, hasta que encontréis un par de horas para verla, o hasta que algún amigo/hijo/nieto/sobrino pase por delante de la estantería y le entre la curiosidad. Y quizá, con esta historia, empiece a enamorarse de la ópera. Quién sabe.

Ya lo dice el maestro Sagi. Esta ópera emocionará siempre.