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sábado, 3 de octubre de 2015

Non più mesta: fuegos artificiales vocales


"Non più mesta accanto al fuoco starò sola a gorgheggiar..."

"Rossini compuso esta ópera [La Cenerentola] a los 25 años de edad, en tan solo tres semanas. El empresario del Teatro Valle, rival del Teatro Argentina donde fue estrenada Il barbiere di Siviglia, contrató a Rossini para componer una ópera un año después del éxito de aquella. Al principio se barajó la posibilidad de utilizar un libreto de Gaetano Rossi (libretista de Semiramide), pero finalmente se decidió crear uno nuevo. El libreto, más que basado en el cuento de Charles Perrault, se basa en otra ópera, compuesta por Stefano Pavesi y llamada Agatina, o La virtù premiata, que se estrenó en Milán, apenas tres años antes, el 14 de abril de 1814.

Llaman poderosamente la atención las diferencias con el cuento de hadas tradicional de Perrault, siendo la más notable que se sustituye el hada madrina por un hombre de carne y hueso, coincidiendo con los requerimientos que impuso Rossini al libretista: no debían utilizarse elementos sobrenaturales. Esta solución no mágica (a diferencia de la fuente original) se debe a las obvias limitaciones en los "efectos especiales" disponibles.

Incluye algunos de los más difíciles pasajes de la literatura rossiniana, entre ellos el rondó final del personaje de Angelina (La Cenicienta) donde cuenta que ya no habrá más llanto ni sufrirá junto al fuego de la cocina "Nacqui all' affanno...non piú mesta""





sábado, 4 de abril de 2015

Ma, signor... ma un dottor...


"Vada ognun pei fatti suoi, si finisca d'altercar."

"Pocas óperas gozan de una fama similar a la de El Barbero de Sevilla, Il Barbiere di Siviglia, ópera cómica por excelencia, sin que eso signifique un menosprecio artístico; la complejidad que nos ofrece la obra maestra de Rossini va mucho más allá de su comicidad, ya que consigue crear bajo una apariencia simple todo un sofisticado mecanismo tan bien engranado que nos parece sencillo y natural. [...]

Sabemos que Rossini era increíblemente vago, dejaba los encargos hasta el último momento y no dudaba en copiarse a sí mismo las veces que hiciera falta, con tal de ahorrarse el esfuerzo de componer una nueva partitura. Por ejemplo, la obertura, hoy celebérrimo símbolo de la ópera, fue escrita para l’Aureliano in Palmira y reutilizada en Elisabetta regina d’Inghilterra. 

No obstante, compuso su obra maestra en menos de tres semanas.

Basada en Le Barbier de Séville, primera parte de la famosa trilogía teatral de Beaumarchais, -recordemos que 30 años antes Mozart utilizó la segunda parte, Las Bodas de Fígaro, para su famosa ópera homónima- tendría que competir con Paisiello, que estrenó el Barbero de Sevilla años antes, por lo que tuvo que cambiar no sólo el título, se estrenaría como Almaviva o sia L’inutile precauzione, sino rehacer completamente el libreto, que corrió a cargo de Cesare Sterbini. En la época, Paisiello y su Barbero eran mucho más conocidos y prestigiosos que las óperas del joven Rossini. [...]

Fue estrenada en el teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816, se dice que ocurrió de todo, Almaviva rompió una cuerda de su guitarra en la serenata inicial a Rosina, un resbalón de Don Basilio que empezó a sangrar abundantemente y siguió cantando con la nariz rota, un gato negro que cruzó la escena... Además, por la muerte del empresario del teatro y las críticas por los pardidarios de Paisiello que supuestamente sabotearon el estreno, resultó un fracaso desastroso, probablemente debido a las prisas por completar el encargo. La parte de Il Conte d’Almaviva fue cantada por el baritenor español Manuel García, famosísimo en la época, que al parecer cobró el triple que Rossini.

A partir de la segunda representación, y hasta día de hoy, es una de las óperas más amadas por el público."


martes, 23 de diciembre de 2014

Contro un cor

"D'ogni assalto vincitore sempre amor trionferà..."

"La coloratura es la capacidad de la voz lírica de ejecutar sucesiones de notas rápidas. En ocasiones de forma melismática, cuando la vocal de una sílaba se extiende a varias notas seguidas. Aunque deriva del vocablo latino colorare que significa "colorear", la coloratura no supone ninguna práctica de "colorear" la voz, como alterar la calidad o timbre de la voz con intención expresiva."

"Podríamos definir una coloratura como la sucesión de notas de importancia secundaria que el compositor sitúa entre otras dos principales, que son las que nos dan la melodía. El cantante las ha de hacer oír de la primera a la última."