miércoles, 25 de marzo de 2015

Ah, più non ragiono!


"Dio! Loro perdonate!"

"Estamos ante la historia de una maldición. Vemos la tormenta acercarse, como ciega furia, antes del fin. Aunque Verdi no es, por cierto, un autor de lo sobrenatural, se puede decir que las maldiciones no son de este mundo: como tampoco lo es el inverosímil amor de Gilda... Pero me mantengo en el clima. La tempestad llega aquí importada del francés, del original dramático de Victor Hugo. Ya el asesino a sueldo Saltabadil del texto Le Roi s´amuse, de Hugo, la ve cubrir el cielo desde una ventana de Paris. Desde el acto Acto IV-Escena IV hasta el Acto V del poeta impera ese desorden metafórico del clima. Secuencia que condensa Piave, el libretista del exigente Verdi. Piave transplanta la acción a Mantua, y llama al criminal Sparafucile. La flauta y el flautín avanzan hasta, por ejemplo, un tronante terceto, etc. 

[...] "Los motivos musicales que caracterizan esa tormenta de Rigoletto se auguran ya en el recitativo en que Rigoletto y Sparafucile acuerdan el precio por el proyectado asesinato del Duca", explica Joan Grimalt. El fantasmal pasaje cromático a boca cerrada y el trémolo de percusión elevan la cuestión de lluvia y truenos más allá. Y el tema suave, grave, denso y dominante de las cuerdas, claro. La vendetta se podría explicar pero de aquí resulta de una entidad más bien abstracta, trágica. La maldición, que es la faz de un mundo misterioso. El tercer acto aporta un punto de irreversibilidad a la previa movilidad (que, famosamente, el duque atribuye a las mujeres pero que también lo caracteriza a él: mudadizo sexualmente voraz que esconde su identidad en los primeros contactos con Gilda). La crueldad, la saña está tanto en el aplastamiento de Rigoletto (quien en buena medida es moralmente incorregible) como en la fortuna cantarina del villano. Precisamente, aquel mentado arabesco de la premonición (flauta y flautín) presenta un pasaje dramático donde dos personajes secundarios Maddalena y Sparafucile discuten haciéndose cargo poco a poco de la fatalidad.

[...] Pero la tormenta, a diferencia del bosque, a diferencia de la caracterización de personajes, es acción pura. Pura revuelta sin forma: de ahí su poder de enlace. Como las maldiciones, la tormenta artística no pertenece a este mundo. Quizá Grimalt destaca esta capacidad globalizadora de la tormenta porque no caracteriza a nadie. No expresa un sentimiento individual, de un personaje en una concreta situación dramática, sino más bien un sentimiento general e indeterminable de la obra. Un "sentimiento de maldición", que, como tal, nunca se revela."

domingo, 15 de marzo de 2015

Réquiem de guerra



"Toda mi vida ha estado dedicada a actos de creación, 
y no puedo participar en actos de destrucción." (Benjamin Britten)


"Las heridas de las dos guerras mundiales tardarían en cicatrizar en el compositor, que vio la oportunidad de saldar cuentas con el pasado muchos años después, en 1958, cuando recibió el encargo de componer una obra de gran envergadura para la solemne ceremonia de consagración de la nueva catedral de Coventry. La antigua, un extraordinario edificio gótico del siglo XIV, había sido destruida por las bombas alemanas el 14 de noviembre de 1940. El arquitecto ganador del concurso, Basil Spence, decidió levantar su proyecto no sobre sino junto a las ruinas de la vieja catedral, que seguirían así en pie como testimonio imperecedero de la barbarie. Y quizá fue esta circunstancia la que animó a Britten a tomar la decisión conceptual y musicalmente trascendente de hacer convivir también en su obra dos textos muy diferentes, antiquísimo uno y muy reciente el otro: el latino de la missa pro defunctis, con una larga raigambre de siglos, y varios poemas ingleses del entonces aún muy poco conocido Wilfred Owen, uno de esos grandiosos talentos en ciernes cortados de raíz por la Primera Guerra Mundial...

War Requiem, Op. 66, Offertorium: "Quam olim Abrahae":




... Con la introducción de nueve poemas de Owen en su War Requiem, Benjamin Britten denunciaba los horrores de la Segunda Guerra Mundial, con textos de un compatriota que había muerto en la Primera. Musicalmente, reservó el texto latino de la misa para la soprano solista y un coro y una orquesta de grandes dimensiones, con ocasionales comentarios antifonales —también en latín— confiados a un coro de niños y órgano, mientras que los poemas de Owen —temáticamente emparentados con los anteriores— quedan reservados para el tenor y el barítono solistas junto a una pequeña orquesta de cámara. Tres planos tímbricos y espaciales diferentes que escuchamos unidos en el Libera me final, donde el texto del responsorio latino se entremezcla con uno de los poemas más turbadores de Owen, Strange Meeting (Extraño encuentro), en el que un combatiente británico se encuentra con un soldado alemán a quien él mismo ha dado muerte: “Soy el enemigo que mataste, amigo mío”. Ahora ambos están muertos, bajo tierra, en “un túnel hondo y gris”, y se lamentan de “el horror de la guerra, el horror que destilaba la guerra”. Al final, los dos se disponen a ir a dormir en paz al tiempo que Britten hace cantar a los coros y la soprano la consoladora antífona In Paradisum, cuyo texto pide que los ángeles conduzcan al difunto al paraíso."


War Requiem, Op. 66, Libera me: "Let us sleep now":



Antigua catedral de Coventry:





miércoles, 4 de marzo de 2015

Mozart / Beethoven


"Un canon musical es una forma de composición polifónica basada en la imitación estricta entre dos o más partes separadas por un intervalo temporal. Puede estar compuesto para instrumentos o para la voz humana. La voz inicial interpreta una melodía y, tras un número determinado de compases, dicha melodía es repetida por una segunda voz mientras que la primera desarrolla otra melodía, y así sucesivamente conforme se van añadiendo más voces a la estructura. [...]

Una vez explicada la forma musical del canon, intentaremos contextualizar la pieza que vamos a analizar. Para ello hemos de "remontarnos" a Mozart (1756 - 1791): la ópera mozartiana Così fan tutte ossia La scuala degli amanti (Así hacen todas o La escuela de los amantes), conocida generalmente como Così fan tutte, es la penúltima ópera compuesta por Mozart. Si bien entra dentro de la tradición italiana, se trata de un drama jocoso de suma importancia en la transición hacia nuevas formas operísticas y para el desarrollo de la ópera romántica alemana. Una obra en la que predominan los conjuntos, más que las arias individuales, y cuyo planteamiento musical es el más "sinfónico" de las óperas de Mozart. El argumento, con libreto de Da Ponte, entronca con tradiciones antiguas del Decamerón, Shakespeare, etc..., transcurre en el Nápoles del siglo XVIII y, sin entrar en un análisis profundo, la temática principal es la volubilidad del amor femenino, lo cual debe entenderse en el contexto histórico. Por todas estas razones, esta ópera fue incomprendida por muchos autores posteriores y durante mucho tiempo, hasta que en el siglo XX se erigió como la obra maestra que es.

E nel tuo, nel mio bicchiero es uno de los números de conjunto de esta ópera. Mozart quiso componer un canon vocal a cuatro partes (dos cantantes femeninas, dos masculinos, los protagonistas principales), cuyas tesituras son de soprano, mezzosoprano, tenor y barítono. No podemos saber la razón última, pero al escribir este canon, Mozart se dio cuenta de que el barítono debía cantar notas demasiado agudas para su registro. Sin embargo, no modificó la pieza. No sabemos si intencionadamente, o por falta de tiempo, desde luego no sería por no saber cómo hacerlo. Así que dejó el canon a tres partes, y al barítono, en vez de incorporarlo al desarrollo del canon, lo dejó "lanzando improperios" contra las mujeres sin más....


FIORDILIGI, DORABELLA, FERRANDO 
Y en tu vaso, y en el mío 
quede sumergido 
 cualquier pensamiento, 
y que no quede memoria alguna 
del pasado en nuestros corazones. 

 GUILLERMO 
(¡Ah, ojalá bebieran un veneno 
esas zorras sin honor!)



Y llegamos a Beethoven (1770 - 1827). Compositor de una generación posterior a Mozart. Si bien Mozart es el paradigma del clasicismo musical, Beethoven lo es del romanticismo (o de la transición desde el clasicismo hasta el romanticismo pleno). Desde luego, Beethoven admiraba a Mozart, pero sus ideales y su contexto vital e histórico ya eran diferentes. [...]

Beethoven sólo compuso una ópera: Fidelio oder die eheliche Liebe (Fidelio o el amor conyugal). La ópera no era el medio en el que mejor se desarrollaba Beethoven, de hecho es la única ópera que compuso. Pero la temática es opuesta a la mozartiana: la fidelidad absoluta.... La ópera trata de cómo Leonora, disfrazada como un guardia de prisión llamado Fidelio, y haciendo un papel masculino, rescata a su marido Florestán de una condena de muerte injusta por cuestiones políticas; la ópera transcurre en una prisión de Sevilla de finales del siglo XVIII y tiene como personajes principales: Fidelio-Leonora (soprano drmática o spinto), Marcellina (soprano lírica), Florestán (tenor, marido de Leonora), Rocco (carcelero de buen carácter y padre de Marcellina, un barítono), y Jaquino (tenor, ayudante de Rocco y pretendiente de Marcellina). Sin embargo, hay un "embrollo" considerable en la trama, pues Marcellina se enamora de Fidelio (que en realidad es Leonora)....

Estructura formal: el canon está construido sobre subestructuras de 8 compases prácticamente idénticas. Esta "rueda de 8 compases" aparece en primer lugar a modo de introducción orquestal, y después repetida cuatro veces, conforme van entrando las voces de los protagonistas. Finalmente hay una pequeña coda de 11 compases."


MARCELINA 
¡Qué sentimiento extraño 
me oprime el corazón! 
Me ama, eso está claro, 
 y seré feliz. 

 LEONORA 
¡Es tan grande el peligro 
y tan débil la esperanza! 
¡Me ama, eso está claro, 
oh, indecible tormento! 

 ROCCO 
Lo ama, eso está claro, 
sí, niña, él será tuyo, 
una buena y joven pareja, 
¡qué felices serán! 

 JAQUINO 
Se me erizan los cabellos. 
El padre acepta. 
Qué extraño sentimiento, 
¿cómo encontrar un remedio?




Texto: Luis Hernández, "Análisis armónico y melódico de una obra perfecta"

Traducción libretos: Kareol


sábado, 28 de febrero de 2015

Il dolce suono... Spargi d'amaro pianto...



"...Oh, gioia che si sente, e non si dice!"


"La célebre “Aria de la locura” de Lucia di Lammermoor es una de las unidades dramático-musicales más elaboradas, complejas y preciosas de toda la historia operística. [...]

La escena se presenta como un gran tableau en forma de scena, coro, ensemble ed aria, que aparentemente respeta el esquema formal de la escena. [...] Se inicia con un breve coro que comenta la apariencia sepulcral (“Oh Giusto cielo! Par dalla tomba uscita!”) de Lucia, cuando ésta entra en escena tras haber asesinado a su marido. El motivo del cuarteto de trompas del preludio de la ópera y un motivo en las flautas introducen el recitativo “Il dolce suono mi colpì di sua voce!...”. [...] El primer Andante de la escena (“Il dolce suono...”) aparece como un cantábile de orquesta en el que la voz participa ocasionalmente o del cual se distancia enunciando frases a modo de recitativo. Nueve compases en tempo de Allegretto citan por primera vez el motivo evocativo del primer acto (“Verranno a te sull’aure”), sin texto y sin voz, entonado lejanamente por la flauta y el clarinete en el registro agudo.

El ilusionismo generado por el motivo evocativo da lugar al Allegro vivace (“Ohimè!... Sorge il tremendo fantasma e ne separa!”) que introduce la visión del fantasma, un arrebato con el máximo grado de patetismo que podríamos adscribir tanto a una aria di bravura como a un recitativo accompagnato. Tras un nuevo recitativo comienza el segundo Andante (“Ah, l’inno suona di nozze!...”), donde la alucinación de la supuesta boda combina un canto que alterna el estilo recitativo con agilidades virtuosistas sobre un expresivo motivo de la orquesta. Esta sección penetra en el primer compás del Maestoso con el que comienza la cavatina propiamente dicha (“Ardon gli incensi... splendono le sacre faci”), en la que se interpolan continuos comentarios de Normanno, Raimondo y el coro. Es usual concluir esta cavatina con un diálogo sin palabras entre la flauta solista y la voz de Lucia, ambas como voces-instrumentos, y una segunda cita del motivo evocativo mencionado, interpretado por Lucia sin texto. La escena continúa con el tempo di mezzo, al que se suma Enrico, y la cabaletta final (“Spargi d’amaro pianto...”)."

Gabriel Menéndez Torrellas, "Historia de la Ópera"





jueves, 26 de febrero de 2015

Au fond du temple saint


"Je crois la voir encore!"

"El amor de Bizet por los temas exóticos y su capacidad para manejarlos se reconocen con claridad en esta ópera, Los pescadores de perlas. Lamentablemente, se encontró con un libreto muy débil que, aunque no le impidió incluir en la partitura algunas partes brillantes (sobre todo un aria de tenor, otra de barítono, un dúo para ambas voces masculinas y algunos buenos efectos orquestales), fue un obstáculo para la difusión de esta obra.

El argumento trata de la rivalidad de dos nombres por el favor de la bella sacerdotisa Leila, a la que han conocido en un templo de Brahma, en el Lejano Oriente. Para no poner en juego su amistad, Zurga y Nadir han regresado a su patria europea. Pero cuando emprenden un viaje a Ceilán (donde transcurre la ópera) vuelven a ver a Leila; ésta ha hecho entre tanto un voto de castidad para poder estar a la altura de su misión, que consiste en ahuyentar a los demonios marinos que causan graves perjuicios a los pescadores de perlas. Sin embargo, su pasión y la de Nadir son demasiado grandes. Su amor es descubierto, y Zurga, elegido rey de los pescadores, lucha consigo mismo: por último vence su magnanimidad y decide ayudar a escapar a Nadir y a Leila. Pero el destino decide las cosas de otro modo; una marea lo destruye todo. El pueblo encuentra el cadáver de Nadir en la arrasada aldea y exige la muerte de Leila. La sacerdotisa sube a las rocas y se arroja al mar.

El libreto se lo presentó a Bizet el director del Théátre Lyrique y respondía al gusto por el «exotismo», que en esa época estaba muy arraigado. El fundador de esta tendencia fue Félicien David (1810-1876), un orientalista y músico poco conocido en la actualidad, cuya obra sinfónica Le désert promovió, con su descripción del desierto, las llamadas del muecín y sus imitaciones sonoras (muy sencillas), la pasión por la música «exótica». El interés existía desde hacía mucho tiempo; en cierto modo, El rapto en el serrallo de Mozart corresponde a esa tendencia, así como el Oberon de Weber; algunas obras de Gluck, Grétry y otros pueden considerarse precursoras. Los pescadores de perlas no tuvo mucho éxito el 30 de septiembre de 1863, a pesar de su ambiente exótico. Solamente Berlioz reconoció que había allí "una cantidad considerable de piezas musicales bellas y expresivas, llenas de vigor y de rico colorido". Los grandes cantantes se hicieron cargo de los papeles principales en fecha posterior; la interpretación de Caruso del personaje de Nadir es hasta hoy inolvidable. Algunos números aislados se han hecho conocidos en todo el mundo por medio del disco, la radio, etc., pero las interpretaciones de la obra completa son raras. Bizet está aquí todavía en sus comienzos."







domingo, 22 de febrero de 2015

Prenderò quel brunettino


"... mi dirà: Mio bel tesoro!"


"Così fan tutte es la decantación de toda una forma de concebir y plasmar, sin igual en la historia de la música, unos personajes que adquieren valor universal precisamente gracias a los toques inagotables y sorprendentes que los encarnan en música. Sobran las palabras relativas a la dificultad de conseguir una puesta en escena digna de esta ópera, tanto por la calidad estilística y de medios vocales exigida de su seis protagonistas, como por la sutileza y sentido del equilibrio que deben poseer los directores de orquesta y de escena."

José María Martín Triana, "El libro de la ópera"





jueves, 19 de febrero de 2015

La mamma morta


"Vivi ancora! Io son la vita!" 


"Mataron a mi madre en la puerta de mi alcoba; 
moría y me salvaba. Después, en plena noche,
 anduve errante con Bersi, 
cuando de repente un lívido resplandor apareció 
y aclaró ante mis pasos el oscuro camino. 
¡Miro! ¡Mi hogar estaba en llamas! 
Así me quedé sola. Y a mi alrededor, nada. 
¡Hambre y miseria! ¡La necesidad, el peligro!
Caí enferma. Y Bersi, buena y pura, traficó, 
mercadeó con su belleza para salvarme. 
¡Llevo la desventura a quien me quiere!

Fue entre aquel dolor como el amor llegó a mí. 
Una voz llena de armonía me dijo: "¡Vive todavía! 
¡Yo soy la vida! ¡En mis ojos está tu cielo! 
 ¡Tú no estás sola! ¡Yo recojo tus lágrimas! 
¡Yo me encuentro en tu camino y te socorro! 
¡Sonríe y espera! ¡Yo soy el amor! 
¿Alrededor todo es sangre y barro? ¡Yo soy divino! 
¡Soy el olvido! ¡Soy el dios que desciende de las alturas 
y hace de la tierra un cielo! ¡Ah! 
¡Yo soy el amor, yo soy el amor!""

(De la ópera "Andrea Chénier". Traducción de Kareol)











lunes, 16 de febrero de 2015

Coros verdianos



1) "Si ridesta in ciel l'aurora..." (La traviata, Verdi. Salzburgo, 2005)






2) "Vedi! Le fosche notturne spoglie..." (El trovador, Verdi. Metropolitan Opera, 2011)






3) "Schiudi inferno la bocca ed inghiotti..." (Macbeth, Verdi. Metropolitan Opera, 2014)




jueves, 12 de febrero de 2015

In quelle trine morbide


"Ed io che m'ero avvezza a una carezza voluttuosa..."


"Fue, desde su aparición a mediados del siglo XVIII, protagonista de una de las novelas más populares de la historia de la literatura francesa. No cabe duda de que Manon, frívola, frágil, ingenua, tierna, sensual, caprichosa, presumida, y ya curtida, ¡qué remedio!, en los instantes finales, antes de morir en el desierto de Luisiana, es una de las criaturas más fascinantes de la historia de la ópera, atrajo no sólo a Puccini (1893), también había atraído con anterioridad a Auber (1856), Massenet (1884), y atraerá posteriormente a Hans Werner Henze (1952), pero el tema de esta alocada jovencita francesa, que se debate entre el desenfreno amoroso y la ambición por el mundo material, dio lugar a numerosas películas (una de ellas, Manon, de Henri-Georges Clouzot, estrenada en 1949, fue la que inspiró a Henze) y series de televisión.

Con un personaje tan caleidoscópico, tan seductor, no era difícil, dado el talento de Puccini, convertir una de sus intervenciones, "In quelle trine morbide", en una auténtica obra maestra, que algunos, como Kurt Pahlen, no dudaron en calificar como "quizás la mejor aria para soprano de la historia de la ópera", no me atrevo a decir tanto, emplear términos como el mejor o la mejor siempre me ha producido rechazo. Lo sorprendente es que esta maravilla que introduce Puccini en el segundo acto de su ópera Manon Lescaut asombra por su belleza y también (¿por qué no?) por su escasa duración, no llega a los tres minutos.

Estamos en el París del siglo XVIII, la joven y hermosa Manon Lescaut, después de rechazar ingresar en un convento y fugarse con el joven estudiante De Grieux para vivir en una humilde casita en París, ha terminado abandonándolo sin una triste despedida, sin un beso, como dice ella. Ahora vive con el viejo Geronte de Ravoir, un rico terrateniente, en una lujosa mansión. Cuando comienza el segundo acto nos la encontramos en un salón de la casa de Geronte, está acompañada de su hermano, el sargento Lescaut, que ha ido a visitarla. La joven, en medio de tanta opulencia, encuentra en su hermano a un confidente y le abre su corazón: además de sentir remordimientos por haber abandonado a De Grieux, siente nostalgia, y es entonces cuando entona esta famosa aria, "In quelle trine morbide", que podemos dividir en tres partes bien diferenciadas musicalmente:

1ª) Lamento: In quelle trine morbide... nell'alcova dorata v'é un silenzio gelido, mortal, v'é un silenzio, un freddo che m'agghiaccia! (¡Tras estas delicadas cortinas... de la dorada alcoba hay un silencio helado, mortal, un silencio, un frío que me hiela!)

2º) Recuerdos voluptuosos: Ed io che m'ero avvezza a una carezza voluttuosa, di labbra ardenti e d'infuocate braccia... or ho tutt'altra cosa! (¡Y yo que me había acostumbrado a una caricia voluptuosa de ardientes labios y apasionados brazos... tengo ahora todo lo contrario!)

3º) Nostalgia, añoranza o deseo: O mia dimora umile, tu mi ritorni innanzi gaia, isolata, bianca come un sogno gentile di pace e d'amor! (¡Oh, mi humilde morada, vuelves a aparecer ante mí, alegre, apartada, blanca, como un grato sueño de paz y amor!)"



Mirella Freni:




domingo, 8 de febrero de 2015

Una macchia è qui tuttora...


"Di sangue umano sa qui sempre..."


"(Entra Lady Macbeth con una vela encendida) 

Dama: ¡Miradla, aquí viene! Ése es su aspecto ordinario, y, por vida mía, que está dormida completamente. Observadla; aproximaos. 
Médico: ¿Cómo se ha procurado esa luz? 
Dama: La tenía a su lado; tiene siempre luz junto a sí; es orden suya. 
Médico: Ved, sus ojos están abiertos. 
Dama: Sí, pero cerrados a la sensación. 
Médico: ¿Qué es lo que hace ahora? ¡Ved cómo se frota las manos! 
Dama: Es un acto acostumbrado en ella hacer como que se lava las manos. La he visto continuarlo así un cuarto de hora. 
L. Macbeth: Todavía hay aquí una mancha... 
Médico: ¡Oíd! Habla. Voy a anotar todo lo que diga, para fijarlo mejor en mi memoria. 
L. Macbeth: ¡Fuera, mancha maldita!... ¡Fuera, digo!... Una, dos; vaya, llegó el instante de ponerlo por obra... ¡El infierno es sombrío!... ¡Qué vergüenza, dueño mío, qué vergüenza! ¿Un soldado y tener miedo?... ¡Qué importa que llegue a saberse, si nadie puede pedir cuenta de nuestro poder!... Pero ¡quién hubiera imaginado que había de tener aquel viejo tanta sangre!... 
Médico: ¿Advertís eso? 
L. Macbeth: ¡El thane de Fife tenía una esposa! Ahora, ¿dónde está?... ¡Cómo! ¿No he de poder ver limpias estas manos? ¡No más, dueño mío, acaba; todo lo echáis a perder con esos sobresaltos!... 
Médico: ¡Vaya, vaya! Sabéis lo que no debíais saber. 
Dama: Ella es quien ha hablado lo que no debía hablar; segura estoy de ello. El cielo sabrá lo que dice... 
L. Macbeth: ¡Siempre aquí el hedor de la sangre!... ¡Todas las esencias de la Arabia no desinfectarían esta pequeña mano mía!... ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!... 
Médico: ¡Qué suspiro!... El corazón está dolorosamente cargado... 
Dama: ¡No querría llevar un corazón semejante en mi pecho ni por todas las dignidades que pudiera tener el cuerpo! 
Médico: ¡Bien, bien, bien! 
Dama: Rogad a Dios que así sea, señor. 
Médico: ¡Esta enfermedad es superior a mi ciencia! Y, sin embargo, personas he conocido que se pasearon durante su sueño y murieron santamente en sus lechos. 
L. Macbeth: Lavaos vuestras manos; poneos vuestro vestido de noche; no estéis tan pálido... Os lo repito...; Banquo está enterrado, no puede salir de su tumba... 
Médico: ¿Es posible? 
L. Macbeth: ¡Al lecho, al lecho! Llaman a la puerta. Venid, venid, venid, venid. Dadme vuestra mano. ¡Lo hecho no se puede deshacer! ¡Al lecho! ¡Al lecho! 

(Sale Lady Macbeth) 

Médico: ¿Se irá ahora a la cama?
Dama: Directamente.
Médico: ¡Insensatos murmullos circulan! Actos contra naturaleza engendran desórdenes contra naturaleza. Las conciencias infectas confían sus secretos a las sordas almohadas. Más necesidad tiene de sacerdote que de médico... ¡Dios, Dios, perdonadnos a todos!... Velad sobre ella. Alejadla de todo objeto con que pueda causarse mal, y no le quitéis ojo de encima... Así, pues, buenas noches. Mi mente ha confundido, y asombrado mis ojos. Pienso, pero no me atrevo a hablar. 
Dama: Buenas noches, buen doctor. 

(Salen)"

William Shakespeare, "La tragedia de Macbeth"
(Traducción de Luis Astrana Marín, Ed. Aguilar)





"La expresión facial de Netrebko en esa asignatura de la ópera que es la escena del sonambulismo, donde Lady Macbeth trata en vano de limpiar la sangre imaginaria de sus manos, contó la historia tal vez incluso mejor que el propio libreto de Francesco Maria Piave"